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miércoles, 30 de noviembre de 2011

¿QUÉ ES LA FELICIDAD?





Definir el concepto de felicidad es tarea ardua. Seguramente sea una de las definiciones más controvertidas y complicadas. El ser humano ha tendido siempre a perseguir la felicidad como una meta o un fin, como un estado de bienestar ideal y permanente al que llegar, sin embargo, parece ser que la felicidad se compone de pequeños momentos, de detalles vividos en el día a día, y quizá su principal característica sea la futilidad, su capacidad de aparecer y desaparecer de forma constante a lo largo de nuestras vidas.
Otra de las controversias en torno a este tema es dónde buscar la felicidad, si en acontecimientos externos y materiales o en nuestro interior, en nuestras propias disposiciones internas. Aún hoy es difícil responder a esta cuestión.Por esta razón, y desde un punto de vista psicológico, el estudio del bienestar subjetivo parece preferible al abordaje de la felicidad.
La felicidad, concepto con profundos significados , incluye alegría, pero también otras muchas emociones, algunas de las cuales no son necesariamente positivas (compromiso, lucha, reto, incluso dolor).
Es la motivación, la actividad dirigida a algo, el deseo de ello,su búsqueda, y no el logro o la satisfacción de los deseos, lo que produce en las personas sentimientos positivos más profundos.
No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices.
Stevenson, Robert Louis
Artículo tomado de:

10 Tips para mejor la autoestima de los adolescentes



La adolescencia es un período difícil, turbulento para el niño/a que deja de ser tal para iniciar en un mundo más maduro. Es un período muy delicado en el que los padres tenemos que estar presentas para guiar a nuestros hijos en este tortuoso sendero. Poner límites y reforzar la autoestima de los chavales son 2 cosas buenas que podemos realizar.
1) COMUNICACIÓN SINCERA.
A través de la comunicación con nuestros hijos es donde les vamos a ofrecer nuestro apoyo. Aprende sobre todo a escuchar, a ser paciente y a saber dar los consejos que tus hijos necesitan escuchar.
Una buena comunicación entre padres e hijos es clave para este proceso de intentar aumentar la autoestima en la adolescencia. Los adolescentes muchas veces "desprecian" a sus padres. Es tarea de los padres saber ganarse la confianza de esta nueva persona que ha aparecido en su hogar.
2) NUEVOS LÍMITES SE TIENEN QUE ESTABLECER.
Un adolescente sin límites, sin reglas ni normas que cumplir es un adolescente que está perdido y que acabará frustrado y con su autoestima por los suelos.
3) LOS DEPORTES EN GRUPO FAVORECEN LA AUTOESTIMA.
Practicar football o la gimnasia rítmica son sólo dos ejemplos de deportes en los que se relaciones con sus iguales de una manera sana.
4) PROPORCIONAR RETOS DIFÍCILES Y ESTIMULANTES.
¿Les gusta estar todo el día en el ordenador? Propón que hagan un blog y que obtendrá recompensas en función de los resultados.
¿Les gusta estar todo el día con los videojuegos? Propón algún videojuego que estimule su creatividad. No todo va a ser tiros. Parte del tiempo que dedican a la consola deberán dedicarla a progresar en este videojuego creativo.
5) SABER REDUCIR LA MARCHA.
Muchos padres tienden a apretar las tuercas ante los cambios tan bruscos que se producen en la etapa adolescente. Esto también puede ser contraproducente.

El adolescente siente que necesita de una gran libertad para realizar todo el mundo de posibilidades que se le abre ante él o ella. Los padres, por el contrario, solemos coartar duramente su nueva libertad adquirida. Esto puede tener riesgos en la autoestima del adolescente. Hemos dicho que hay que poner límites pero no asfixiar. El punto medio de las cosas es el adecuado.
6) CUIDADO CON LAS AMISTADES.
En esta época los amigos son lo más importante para los adolescentes pero cuidado. En ocasiones hay adolescentes que quedan "atrapados" en un círculo de amistades que minas la autoestima de ellos. Ofrecerles todo nuestro apoyo e incluso cambiar de ambientes, realizar nuevas actividades para que conozcan nuevos chavales puede ser la solución.
7) CUIDADO EN LOS COLEGIOS O INSTITUTOS.
Seguro que quieres lo mejor para tus hijos, que crezcan en un ambiente adecuado que potencie su autoestima, lo mejor de sí mismo. Elige un colegio adecuado que cumpla estos objetivos.
8) LA CASA DEBE SER UN ENTORNO SEGURO.
La seguridad es algo que tiene que sentir el adolescente. Saber que hay alguien que le quiere incondicionalmente. La casa debe proporcionar esta seguridad para que el adolescente se sienta respaldado y protegido.
9) DEDICAR TIEMPO A NUESTROS HIJOS.
Que se hayan hecho adolescentes no significa que no podamos hacer actividades juntas: practicar algún deporte, dar un paseo o salir a cenar toda la familia. Dejar nuestras preocupaciones y obligaciones a un lado para dedicar tiempo a nuestros hijos es algo que su autoestima nos agradecerá.
10) EVITAR EL AISLAMIENTO DENTRO DEL HOGAR.
La casa es un lugar donde compartir: alegrías, penas, logros, emociones. La comida y la cena son sagradas. Deben ser familiares y sin televisión de fondo. Es obligación de los padres crear el ambiente adecuado para una comunicación agradable, fluida, amena, sincera y

Bibliografía

Razones para aprender inglés




Seguramente no será para usted una novedad que el inglés es la lengua más extendida del planeta, si bien no la más hablada (que es el chino). Es lengua materna de 340 millones personas, casi la misma cantidad hablan inglés como segunda lengua.
La reforma curricular al proceso educativo de las escuelas primarias que se está llevando a cabo de manera piloto, y que involucra de igual forma a los tres años siguientes de educación secundaria, exige que los profesores estén mejor preparados en la impartición del idioma inglés para concretar de manera efectiva los objetivos que se han planteado para estos procesos. Es por eso que en Durango se busca implementar estrategias para que más de dos mil maestros aprendan ese idioma extranjero en un lapso menor de tres años.
1. En muchos países el inglés es la lengua oficial. Entre ellos, por supuesto Gran Bretaña e Irlanda, los Estados Unidos, Canadá y Malta, India, pero también muchos estados del Caribe así como también países africanos.

2. Además el inglés, en muchos países, si bien no es la lengua oficial, es la lengua de la economía.

3. Según un estudio más del 56% de los sitios de Internet están editados en inglés. En segundo lugar se encuentra el alemán con un 8%.

4. El 75% de la bibliografía científica especializada está en inglés.

5. En casi todas las partes del mundo la mayoría habla al menos un poco de inglés, de modo que en casi todo el mundo gracias al inglés podrá "sobrevivir".


6. Aún cuando otras partes del planeta están experimentando su boom económico, el inglés seguirá siendo durante mucho tiempo el idioma más importante de la economía, y también le seguirá siendo útil en todas sus vacaciones.

Bibliografía

jueves, 10 de noviembre de 2011

El poder de los cuentos en los niños




Cuentos, relatos y leyendas nos llevan a mundos irreales donde la tarea de educar a nuestros hijos resulta más fácil. No se trata de llegar a casa después de un día agotador y ponerse a LEER el cuento que nos reclama nuestro hijo, sino de COMPARTIR con él un apasionante mundo de fantasía. Ver cómo expresa su angustia ante la pócima de la bruja, sus deseos de llegar al castillo antes que el dragón, sus ansias de salvar a la princesa… y finalmente la recompensa de un final feliz.
La tarea más importante y más difícil de la educación de un hijo es la de ayudarlo a encontrar sentido a la vida, para obtener éxito en esta tarea educativa, es fundamental que los adultos que están en contacto más directo con el niño produzcan una firme y adecuada impresión en él y que le transmitan correctamente nuestra herencia cultural. Y la literatura infantil es la que posibilita esta labor.
Los cuentos infantiles satisfacen y enriquecen la vida interna de los niños
Esto es debido a que los cuentos se desarrollan en el mismo plano en el que se encuentra el niño, en cuanto a aspectos psicológicos y emocionales se refiere. Los cuentos hablan de fuertes impulsos internos de una manera que el pequeño puede comprenderlos inconscientemente y, además, ofrecen ejemplos de soluciones, temporales o permanentes, a sus conflictos.
Los cuentos aportan a la imaginación del niño nuevas dimensiones a las que le sería imposible llegar por sí solo
Los cuentos favorecen las relaciones interpersonales
Esto sucede cuando "contamos" y no cuando "leemos" un cuento. Es preferible que contemos cuentos a nuestro hijo en vez de leérselos porque, al contarlo, nosotros podemos intervenir como narradores en la historia y nuestro hijo como oyente. Contar un cuento es un acontecimiento interpersonal en el que el adulto y el niño pueden participar por igual, por lo que fortalece el vínculo padre-hijo.
Los cuentos transmiten mensajes educativos
A los niños les fascina escuchar una y otra vez un relato que les gusta. Los cuentos contienen mensajes educativos y valores morales importantes y ayudan a los niños a superar las dificultades con las que se encuentran a lo largo del crecimiento. De ahí que, a veces, el niño insista en la repetición del mismo cuento, porque necesita acabar de captar el mensaje que ese cuento le transmite y la solución que ofrece a su propia problemática. Es importante repetir el mismo cuento a nuestro hijo si éste nos lo pide.
Los cuentos están llenos de símbolos significativos
Los cuentos tienen un poder extraordinario debido precisamente a que los mensajes o principios que se desprenden están encubiertos. No debemos explicar el significado de los símbolos a los niños. Nuestros hijos se benefician de las enseñanzas del cuento de forma inconsciente y si intentamos reducir la riqueza de los símbolos a explicaciones conscientes, lo único que conseguiremos es que el relato no sea eficaz.

Bibliografía

¿Sabes contar cuentos?



Cogemos el cuento. Lo abrimos. Primera página. "Érase una vez...". Segunda página. Seguimos leyendo. Un poco más deprisa porque ya es tarde y queremos acabar pronto. Última página. "Ya está. Se ha acabado". Cerramos el cuento y nos disponemos a dar un beso de "buenas noches" a nuestro hijo. Con un mohín en su cara nos dice: "Así no se cuenta". "¿Cómo que así no se cuenta?". Pues no. Francamente, deberíamos esmerarnos un poco. ¿Y si envolvemos la narración con algunos recursos expresivos? ¿Por qué no nos sumergimos en la historia y dejamos fascinado a nuestro hijo con las aventuras que le contemos? ¿Sabemos hacerlo?
Contar un cuento a nuestro hijo es como poner en funcionamiento cientos de piezas de un precioso mecanismo. Somos incapaces de explicar cómo o por qué funciona pero nos maravilla su precisión y compás. Del mismo modo, la conexión que se establece entre un adulto que cuenta un cuento y un niño que lo escucha tiene algo de mágica.
Conocer o aprenderse el cuento
Antes de que nuestro hijo nos pida que le expliquemos aquel cuento de nuestra infancia que casi no recordamos, o el que le compramos hace unas semanas y que aún no hayamos leído, procuremos ponernos al día y repasarlos. Es necesario transmitir un profundo conocimiento del cuento y no interrumpir la narración porque tenemos que releer el texto o detenerla porque no recordamos el final. Debemos tomarnos seriamente el cuento, por muy absurdo que parezca o por muchas repeticiones que haya y, si no nos gusta o no nos parece adecuado, intentar sustituirlo por otro. Dediquemos algunos momentos a leer alguna antología de cuentos tradicionales o leyendas (¡nunca es tarde para refrescar la memoria!) y nuestro hijo agradecerá la variedad y riqueza de cuentos que le podamos contar.
Utilizar un lenguaje adecuado
El tipo de lenguaje empleado al contar un cuento está relacionado con la edad que tiene nuestro hijo, sin embargo, en general, se recomienda que sea un lenguaje caracterizado por la simplicidad y la claridad. Eso servirá para favorecer la comprensión de la historia y evitar el cansancio o incluso el aburrimiento por parte del niño.
Las descripciones poco detalladas permiten que el niño deje volar su imaginación. Cuando contamos un cuento, es suficiente con hacer referencia a los rasgos más destacados de los elementos significativos que intervienen en la historia. Nuestro hijo puede completar el resto con su imaginación y nuestra ayuda si es preciso. Si nuestro hijo está lo suficientemente interesado en el cuento y no se imagina aquello a lo que hacemos referencia y nos pide más información, debemos proporcionársela. Por ejemplo: - ¿Cómo era la bruja?; - Era una bruja muy vieja y muy fea, que llevaba un sombrero negro acabado en punta; vivía en el bosque en una casa de madera y tenía un gato muy malo.
No interrumpir el desarrollo de la acción
En ocasiones, cuando "eso" de contar cuentos no se nos da del todo mal y disfrutamos con la narración tanto o más que nuestros hijos, corremos el peligro de recrearnos en ella. Eso supone que en vez de presentar los acontecimientos uno detrás de otro, lo que da un ritmo ágil y rápido a la historia, podemos caer en la tentación de interrumpir la acción lineal para introducir acciones secundarias o descripciones detalladas de algún aspecto o personaje no significativo ni relevante para el desarrollo de la historia. Es preferible seguir el hilo de la narración, de esa manera evitaremos aburrir y confundir a nuestro hijo, sobre todo si aún es demasiado pequeño para ver la diferencia entre información principal y secundaria.
Transmitir entusiasmo
Como en tantas otras cosas, debemos intentar transmitir entusiasmo en lo que hacemos. Es cierto que a veces nos decimos "¿y ahora tengo que contar un cuento, que ya he repetido mil veces, después de estar todo el día trabajando y llegar a casa agotado?" Y también es cierto que nuestro hijo notará ese cansancio y ese fastidio si no intentamos superar esa situación con un poco de ánimo. Es importante recordar lo positivo que resulta contar cuentos a menudo a nuestro hijo y la enorme ilusión que eso le supone, luego ¿qué hacer entonces? Podemos empezar simulando que el cuento nos interesa.
Despertar interés
Los niños, con pocas excepciones, escuchan mucho más atentamente un cuento contado que un cuento leído. Narrar un cuento permite mucha más espontaneidad que leerlo. Nuestros ojos se encuentran continuamente con los de nuestro hijo, su expresión responde a la nuestra y la relación se estrecha de manera insospechada. En ocasiones necesitamos emplear algunas estrategias para que no se rompa ese encanto o, de romperse, para restablecerlo de inmediato. La mayoría son recursos expresivos, como el uso de pausas y de la entonación, ya comentados. Sin embargo, una forma de despertar el interés de nuestro hijo es incluir su nombre en el relato y darle un papel especial e inesperado en la historia.
Repetir el mismo cuento
Si tu hijo quiere que le repitas una y otra vez el mismo cuento, hazlo. A veces los niños piden que se les cuente un cuento concreto porque presenta un conflicto, un protagonista, una situación ideal, etc. que el niño tiene muy presente en ese momento, por eso aconsejamos respetar la elección que haga del cuento que quiere escuchar.
Bibliografía: http://www.solohijos.com

Si quieres ser un buen padre, sé un buen esposo






Cada ser humano es el resultado de la relación entre dos individuos: su padre y su madre. Y esa relación sigue viviendo dentro de nosotros como una armonía bellísima o como una laceración dolorosa. La relación entre nuestros progenitores nos constituye en lo que somos.
Un niño siente con todo su ser la relación entre sus progenitores, sea cual sea, la siente en sí mismo.
Si la relación está envenenada, el veneno circulará por su organismo. Si la atmósfera no es armoniosa, crecerá en la disonancia. Si está llena de ansias e inseguridades, también su futuro será incierto".


Si quieres ser un buen padre, sé un gran marido. Si quieres ser una buena madre, sé una gran compañera para tu marido..

Cuando un matrimonio reacciona a tiempo y recupera lo bello de su amor, los primeros en darse cuenta son los hijos.
Todo eso es el origen, la fuente: el lugar en que todo va bien y es perfecto. Resulta positivo regresar de vez en cuando a los orígenes y beber de aquella fuente de agua pura".

Bibliografía

¿Tus alumnos o hijos se están saltando etapas?



Leticia lleva el cabello planchado y con mechones rubios. Viste un top rosa, minifalda a la cadera, de tablones, en cuadros grises, mallas blancas hasta los muslos y encima unas rosadas, a la rodilla.
En el cinto de la falda lleva un celular plateado. La sombra azul de los párpados destaca sus ojos color miel, y un brillo transparente, la boca.
Omar, pantalón holgado de encuarte a la rodilla, camiseta extra large, chaleco, tenis y gorra con visera hacia la nuca, le rodea los hombros con su brazo, y de cuando en cuando comparte con ella un cigarrillo.
Hoy no le prestaron el carro para encontrarse con su novia, su mamá lo trajo a este centro comercial de Valle Oriente.
Leticia y Omar tienen 12 y 13 años, respectivamente, e igual que otros menores, van por la vida como adultos chiquitos.
Los padres de Leticia ignoran que tiene novio, a los de Omar les parece "cool" y hablan de su noviazgo como de un juego, aunque Omar aclara estar muy enamorado de Leticia.
En un estudio elaborado por el catedrático entre madres jóvenes, quedó de manifiesto su mayor ansiedad para educar a los hijos. .
Los niños y adolescentes de hoy están más informados y despiertos, pero no necesariamente maduros, urge sobre ellos mayor disciplina, responsabilidades y supervisión. Los papás los dejan hacer lo que quieren, desde vestir sexy a las niñas de 10, 11 años, hasta llegar a casa a medianoche, fumar, y andar solos; no los estamos haciendo madurar en sus responsabilidades.
La excesiva permisividad ya se refleja en las estadísticas del sector salud nuevoleonés. De tres embarazos, uno es en adolescentes, y de los mil 500 casos anuales de drogadicción, un 12 por ciento se encuentra entre menores de 14 años.
Un fenómeno similar se observa en el consumo de cigarros y alcohol. Inician entre los 10 y 14 años, incluyendo cada vez más a las jovencitas.
"Es momento de que los padres sean centinelas", expresa Amaya Guerra, "que formen, disciplinen y orienten, de lo contrario estos muchachos empezarán a vivir una eterna adolescencia desde los 20, hasta los 30 ó 40 años, acostumbrados a no afrontar responsabilidades y a sentir que todo lo merecen".
Bibliografía