El viejo se
llamaba Beppo Barrendero. Seguro que en realidad tendría otro apellido, pero
como era barrendero de profesión y todos lo llamaban así, él también decía que
ése era su nombre [...]
Cuando barría las calles, lo hacía
despaciosamente, pero con constancia; a cada paso una inspiración y a cada
inspiración una barrida. Paso- inspiración- barrida. Paso- inspiración-
barrida. De vez en cuando, se paraba un momento y miraba pensativamente ante
sí, después proseguía: paso- inspiración- barrida[...]
-Ves, Momo- le decía, por ejemplo-, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga, que nunca crees que podrás acabarla.
Miró un rato en silencio a su alrededor; entonces siguió:
-Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe de hacer.
Pensó durante un rato. Entonces siguió hablando:
-Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en el siguiente.
Volvió a callar y reflexionar, antes de añadir:
-Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.
Después de una nueva y larga interrupción, siguió:
-De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta cómo ha sido, y no se está sin aliento.
Asintió en silencio y dijo, poniendo punto final:
-Eso es importante.
-Ves, Momo- le decía, por ejemplo-, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga, que nunca crees que podrás acabarla.
Miró un rato en silencio a su alrededor; entonces siguió:
-Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe de hacer.
Pensó durante un rato. Entonces siguió hablando:
-Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en el siguiente.
Volvió a callar y reflexionar, antes de añadir:
-Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.
Después de una nueva y larga interrupción, siguió:
-De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta cómo ha sido, y no se está sin aliento.
Asintió en silencio y dijo, poniendo punto final:
-Eso es importante.
FIN
Maestros y padres
de familia tienen el reto de fomentar la reflexión de valores en los pequeños, una simple plática no es suficiente para llamar su atención y dirigirlo hacia este objetivo . Por tanto, la reflexión
se puede dar a través de la lectura de pequeños cuentos que sean accesibles a su edad e interés, tal como el fragmento, sustraído del libro Momo, de Michel Ende, que aquí se ha presentado.
Alumna:
Daniela Cazares Santos
Licenciatura en Educación
Primaria - Séptimo Semestre
Referentes
Bibliográficos:
Ende, M. (2008) Momo. D.F., México: Alfaguara
Juvenil (pp. 38-41)
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